LAS FÁBULAS DE MONTERROSO. Taller de escritura, clave M-34

Claves en curso del taller de escritura creativa. Las fábulas de Augusto Monterroso vuelven a formar parte de las lecturas de verano de LIBRO, VUELA LIBRE.

La creatividad y el humorismo de uno de los más atrayentes representantes de la literatura latinoamericana se incorpora esta vez al listado de propuestas literarias de nuestro taller de escritura con “Monólogo del mal” y “La tela de Penélope, o quién engaña a quién”, dos de sus brillantes fábulas que conquistaron en la segunda mitad del siglo XX a lectores de todo el mundo.

Las fábulas de Monterroso, taller de escritura en Valencia

Clave M-34 del taller de escritura de LIBRO, VUELA LIBRE: LAS FÁBULAS DE MONTERROSO

Taller de escritura, clave M-34. Augusto Monterroso, Monólogo del mal
“Un día el Mal se encontró frente a frente con el Bien y estuvo a punto de tragárselo para acabar de una buena vez con aquella disputa ridícula; pero al verlo tan chico el Mal pensó: “Esto no puede ser más que una emboscada; pues si yo ahora me trago al Bien, que se ve tan débil, la gente va a pensar que hice mal, y yo me encogeré tanto de vergüenza que el Bien no desperdiciará la oportunidad y me tragará a mí, con la diferencia de que entonces la gente pensará que él sí hizo bien, pues es difícil sacarla de sus moldes mentales consistentes en que lo que hace el Mal está mal y lo que hace el Bien está bien.” Y así el Bien se salvó una vez más.”

Clave M-34 del taller de escritura. Augusto Monterroso, “La tela de Penélope, o quién engaña a quién”.


“Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas. Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.
De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.”

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