Los juegos de escritura de Stevenson

17 Dic

   Los juegos de escritura de Robert Louis Stevenson. Un nuevo panel de juegos, en el que participan los grupos literarios de los talleres de escritura de Libro vuela libre a los que les ha tocado la clave J-49, nos invita al siguiente desafío a la imaginación de sus torneos literarios de invierno 2019-20 en Valencia:

Juegos de escritura de Robert Louis Stevenson en los cursos de escritura de Libro vuela libre

   Mientras La Bottegara y el club de lectura Libros de papel, patrocinadores de los torneos de este año, ultiman los detalles con los que darán la bienvenida a los finalistas y al ganador de esta edición, pon en marcha tu capacidad para realizar conexiones nuevas, porque dos misteriosos bloques de palabras han llegado al aula creativa de nuestro taller de escritores en Valencia para invitarte a tu siguiente experiencia de creación literaria.

Si este es el panel de juegos que te ha tocado en el sorteo, que tengas mucha suerte. Sigue las instrucciones de la clave literaria J-49  que se han dado en tu grupo del taller y elige la mejor opción para crear tu relato:

Torneos literarios en curso: bloques y juegos de escritura de la clave J-49

BLOQUE I (3 de 6)

catarro, chocolate, cisnes negros, corazón, luna, niños

BLOQUE II (2 de 4)

arrepentido de su genio, pasos ágiles, privado y confidencial, patio verde

Robert Louis stevenson en las recomendaciones en curso de los clubes de lectura de LIBRO VUELA LIBRE y LIBROS de PAPEL

El autor de la novela de la psique El extraño caso del Dr, Jeckyll y Mr. Hyde y del gran clásico de aventuras La isla del tesoro regresa a las recomendaciones literarias de los clubes de lectura de Libro vuela libre y de Libros de Papel con El diamante del Rajá, uno de los relatos de su recopilación de cuentos titulada Nuevas noches árabes.

Disfruta de los cuentos y narraciones cortas de este ecléctico escritor británico, que ya nos cautivó con sus novelas y su poesía, y de las cuatro puertas de entrada a El diamante del Rajá que han inspirado una parte de este panel de juegos de la clave J-49.

El diamante de Rajá, puertas de entrada:

“Esa misma noche habló con el general, que ya estaba algo arrepentido de su genio, y Harry pasó al departamento de mujeres, donde pronto le pareció que se encontraba en el mismo cielo. Iba siempre de punta en blanco, en el ojal lucía delicadas flores, y atendía a los clientes con gran cortesía y buen humor.”

Robert Louis Stevenson. Historia de la sombrerera, en El diamante del Rajá 

“En el pecho del señor Rolles se despertó a gritos el policía que todos llevamos dentro, y el clérigo, en contra de su manera habitual, comenzó a recorrer el jardín con pasos ágiles y apresurados. Al llegar a la parte por donde había escalado Harry, se detuvo ante el rosal destrozado y las huellas en el barro y, alzando la vista, vio marcas en la pared de ladrillo y un trozo de pantalón enganchado en uno de los cristales.”

Robert Louis Stevenson. Historia del joven eclesiástico, en El diamante del Rajá 

“Un día le llegó una nota de una prestigiosa firma de abogados en la que le pedían que acudiera a verles lo antes posible, la carta llevaba escrito: privado y confidencial, y había sido enviada al banco y no a su domicilio, dos circunstancias poco corrientes que le hicieron acudir cuanto antes a la cita.”

Robert Louis Stevenson. Historia de la casa de las persianas verdes, en El diamante del Rajá 

“Finalmente, sin haber tomado aún ninguna decisión , volvió sobre sus pasos en dirección a la pequeña pero elegante casa situada al otro lado del río, y que pertenecía a su real familia desde hacía siglos. Sobre la puerta y bajo las altas chimeneas  estaban grabadas profundamente las armas de Bohemia. Los paseantes podían ver un patio verde, con las flores más costosas, y una cigüeña, la única en todo París, que se pasaba el día entero sobre el tejado, congregando así una multitud frente a la casa.”

Robert Louis Stevenson. La aventura del príncipe Florizel y el detective, en El diamante del Rajá 

20 comentarios to “Los juegos de escritura de Stevenson”

  1. El León Juerguista diciembre 25, 2019 a 7:13 pm #

    Elena Salgado,actriz retirada, miraba detenidamente como se deslizaban los cisnes negros por el estanque de su mágnífica mansión. Estaba nostálgica, pensando en su vida pasada. Su madre desde la ventana, la observaba y aunque estaba entrada en años,con pasos ágiles atravesó el patio verde y llegó hasta ella.
    —-¿Qué te ocurre? Estás muy abatida.
    —- Mi vida ha sido un fracaso. – ¡No digas eso! ¡Has triunfado!
    —— Si; en el teatro, pero no en mi vida.
    No he sido una buena madre. Es lo que más me duele. Nunca he podido ir a las fiestas infantiles de mi hijo en el colegio.No asistí al entierro de papá. ¡y tantas cosas!! siempre embriagada con los aplausos del público
    ——-Todo pasarå. Tomate este chocolate caliente que te irà bien para el catarro. ¿Te acuerdas?
    ——- Si mamá,me lo dabas después de cada función. Me reponía .
    ¡¡¡Gracias mamá!!! ¡¡¡ Gracias chocolate!!!

    El León Juerguista

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  2. J.Martorell i Viciana diciembre 27, 2019 a 5:28 pm #

    El maestro pastelero mostraba sus últimas creaciones a un grupo de expertos, reunidos en torno a su obrador debían valorar la calificación concedida ese año por una revista especializada, como el gran padre y renovador de la pastelería moderna.
    –Verán ustedes, este cremoso de chocolate negro, bañado con esponjoso de limón, aromatizado por romero fresco y un toque aterciopelado con chocolate blanco.
    –¿Han sido dos creaciones suyas las que ha presentado al concurso?
    –Sí, pero la que me ha dado prestigio internacional ha sido esta escultura de dos cisnes negros que pueden ver en el escaparate, chocolate negro bañado en esencia de jazmín, con nota acidulada de limón y menta. Si se fijan la peana es de galleta y mantequilla.
    El experto Monsieur Lambert tomó la muestra para degustación y la paladeó.
    –Con esencias gustativas a barquillo y corazón de avellana, un toque tostado y el punto justo de amargor y aroma a frutos secos… ¡Sublime!
    Madame Blanchard llamó la atención de los presentes al ver a un niño con la nariz pegada al cristal del escaparate.
    –¡Ése niño debe estar congelándose, por el amor de Dios, entrad a ese niño!
    Al abrir la puerta se dieron cuenta del frio tan espantoso que hacia fuera, la nieve volaba en todas direcciones hasta tal punto que nada veían en absoluto, el frio calaba hasta los huesos y el viento hacía que se congelara hasta la respiración.
    –¡Cerrad la puerta! –gritó encolerizado Monsieur Lambert.
    Pegado al escaparate estaba el niño, más pequeño que una peonza, con el pelo rubio y llorando a moco tendido. Benoit con pasos ágiles lo cogió en brazos como si pesara menos que una pluma y lo introdujo en la pastelería. Madame Blanchard miró calle arriba buscando a su posible madre corriendo de un lado para otro en busca de su hijito, pero tan solo vio un par de transeúntes medio congelados.
    –¿Te has perdido niño?
    Negando con la cabeza la pobre criatura no mostraba mucho interés en lo que le preguntaban, prefería mirar a su alrededor con los ojos puestos en los pasteles.
    Arrepentido de su genio Monsieur Lambert ordenó que envolvieran al niño en una manta de cuadros que cubría una mecedora intentando calentarlo pues se le veía aterido de frio.
    Al momento tenía ante él un tazón de chocolate caliente y tostadas impregnadas de mantequilla. Justo cuando el niño se aprestaba a calentar sus manos con el tazón, vieron que alguien entraba con paso titubeante y echaba un vistazo en el local; era un señor mal aliñado, con barba de varios días y envuelto en una horrible manta. –desde luego no iba bastante abrigado para el tiempo que hacía –pensaron.
    ¡Hola hijo! ¿Cómo te has alejado tanto con el frío que hace?
    –¿Es usted el padre? Entre usted señor y tómese un chocolate caliente y entrará en calor, el niño ha venido a visitarnos y aquí lo tenemos con nosotros.
    El padre y el niño sentados el uno frente al otro, bebieron el chocolate en silencio y olieron el pan con mantequilla.
    –Gracias señores, cierro los ojos porque deseo atrapar los olores que fomentan mis recuerdos, como si volviera a mi casa, donde pasé mis primeros años, al calor del hogar…
    …–Cierto señor –le entiendo porque siento como usted este momento, como si el tiempo se hubiera detenido en este cuenco y el pan, con unas gotas de chocolate caliente me evocan los libros favoritos leídos frente al calor de la chimenea.
    –Cierren ustedes los ojos y manténganse en silencio, ningún sentido tiene tanto poder evocador como el olfato y es el reclamo más intenso del recuerdo.
    –Efectivamente Monsieur Benoit, es como recordar el olor de un bebé, jamás podrá usted olvidarlo, lo mantendrá…
    Mientras los adultos hablaban de sus cosas, el niño, se apresuraba a devorar unos pastelitos de hojaldre rellenos de nata sin que nada de lo que ocurría a su alrededor le llamara la atención.

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  3. Nieves Andrés enero 1, 2020 a 5:10 pm #

    SUEÑOS Y ESCARCHA

    La luna era la única farola que iluminaba el parque, el aire helado entraba por los agujeros de mi ropa, mordiéndome la piel. Yo caminaba lentamente mirando la nieve, que cubría los bancos, sobre algunos se amontonaban cartones, plásticos, ropa.
    A la mañana siguiente volvía al parque, sobre un banco de hierro cubierto de escarcha, dormitaba un hombre de mediana edad, tenía un aspecto desaliñado, la mirada perdida, sus dientes negros y carcomidos se movían como si bailaran una danza fúnebre. Acercándome a él le pregunté: ¿quiere que le traiga algo caliente? Me hizo con la cabeza un movimiento afirmativo.
    Casualmente al final de la calle había una cafetería, al entrar le pedí al camarero un chocolate caliente; se lo llevé al indigente, al acercarle la taza de chocolate vi sus ojos humedecidos, con un nudo en la garganta empecé a caminar entre los jardines. Por ellos paseaban mujeres, niños y hombres, de todas las edades; unos lo miraban con indiferencia, otros pasaban, pasaban ¡sólo unos pocos lo veían! Comentaban que todos los días mendigaba alguna moneda, en el mismo lugar ¡o tal vez! Buscaba una palabra amable que le reconfortara, que le hiciera sentir que existía.
    Volví para preguntarle cómo se encontraba y al verme esbozó una sonrisa.
    Sobre la palma de su mano inerte, tenía una lágrima.
    Mientras su corazón dejaba de latir.

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  4. Unelma Ikuisesti enero 2, 2020 a 1:54 pm #

    LOS MIEDOS QUE NUNCA EDUQUÉ…

    Caigo. No puedo respirar, tengo miedo. ¿Se puede llorar bajo el agua? El frío me cala los huesos, no sé nadar. No puedo moverme. Estoy rota. Quiero gritar, pero trago más agua con cloro. La piscina se me hace eterna, una piscina que me absorbe hacia el interior con cada vez más fuerza. Estoy en tirantes, madre mía, los cristales del fondo me van a desgarrar la piel, están de punta amenazantes deseosos de clavarse en mí.

    Supongo que luchar ya no sirve para nada ¿verdad? voy a morir de todas formas, ahogada o desangrada. Me agarro a las rodillas haciéndome una bola. Oigo para mi sorpresa un crujido; tardo un momento en darme cuenta que mi corazón se está quebrando.

    Abro los ojos y un brazo me estira con fuerza hacia el exterior. Me agarro al borde y vomito como si todas las entrañas me quemaran el estómago sintiendo la necesidad de sacarlas hacia fuera. No me he molestado aún en darle las gracias a la persona que me ha arrancado de las garras de la muerte sin remordimientos y que espera impaciente a mi lado mientras me da suaves golpecitos en la espalda. Me mira. Espero que me abrace, que me diga que me necesita, pero Alec no dice nada. Sigue mirándome, ahora sin gafas y con el pelo marrón chocolate pegado a la cara de manera desordenada. Paro de vomitar y unas ganas de llorar me invaden, pero él se me adelanta. Sonríe tiernamente con la cara caliente de lágrimas

    Dicen que la constelación de los cisnes negros se puede ver claramente en las noches de luna menguante por los bosques del norte. Sólo aparecen una vez al año y quiénes la han visto afirman que oyen risas de niños y poco después aparecen en medio de sus peores pesadillas infantiles. Solos, perdidos, asustados. Alec fue la única persona que sobrevivió a sus miedos más profundos en una calurosa noche de verano. Y ahora, ahora había salvado a la muchacha por la cuál había arriesgado todo. ¿Qué hacer? ¿Abrazarla, besarla? Bueno, daba igual, estaba viva, ya nada más le importaba.

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  5. Kali enero 2, 2020 a 7:09 pm #

    Cisne Negro

    Ahora que tengo cuarenta años, puedo recordar mi infancia e identificar porqué soy quien soy. Nací en una pequeña isla verde dónde los niños juegan libres y los mayores en verano, después de cenar, toman el fresco mientras la luna oye sus relatos.

    Mi hermano Marco y yo, vinimos al mundo a la vez y hemos sido inseparables desde entonces. Mi padre, nos hizo pescadores, mecánicos de su barca, exploradores del bosque, veterinarios de las cabras y nosotros nos hicimos guerreros jugando con los otros niños del pueblo a la salida del colegio.

    No pensé que la felicidad se pudiera ver entorpecida hasta que se acercó nuestra comunión. Mi madre, al igual que su madre hizo con ella, me puso un vestido blanco de novia mientras Marco iba de marinero.

    – ¿Por qué yo tengo que ponerme este vestido y Marco no?
    -Porque tú eres una niña.

    La respuesta me vino de sorpresa, nunca pensé que eso era un distintivo, siempre lo habíamos hecho todo juntos, al igual que a veces compartíamos la ropa. Ese fue el instante en el que me di cuenta de que algo dentro de mí se rompía.

    – ¡No quiero, no quiero! – Las lágrimas brotaban de mis ojos, gritaba, intenté arrancarme el vestido.

    La enorme mano de mi madre explotó sobre mi cara. –Cállate Rosita, que sino Dios te castigará. Y no le digas nada de esto a tu padre.
    La rabia, el dolor y la confusión me la tragué junta a la ostia sagrada de Don Gaspar y el beso que tuve que darle a su enorme anillo.

    El tiempo pasaba, crecíamos y dejé de acompañar a mi hermano. –No puedes venir, es peligroso para una chica. Ahí estaba otra vez, el distintivo.

    Recuerdo un verano que me llevaron a un campamento solo para niñas, había un precioso lago lleno de cisnes blancos y entonces me fijé, un precioso cisne negro estaba en medio. Como si hubiera despertado de un letargo empecé a llorar, no podía parar de mirarlo y las lágrimas mojaban mi cara. Tuvieron que avisar a mi familia y solo el abrazo y complicidad de Marco me hicieron regresar.

    Dejé de jugar, a veces ni hablaba, me dediqué a leer y escribir. Marco, como si lo supiera me comunicaba con complicidad música con la guitarra, las notas que tocaba eran tristes, como el nudo que se había acoplado en mi pecho.

    Cuando cumplí los 17, una chica nueva apareció en mi clase. Bárbara y yo nos hicimos inseparables, volví a sonreír. Le enseñé la isla y sus secretos, con la esperanza de poder compartir también los míos.
    Una noche, no pude más y acerqué mis labios a los suyos.

    – ¿Qué coño haces? Yo no soy como tú.

    Pensé que nadie era como yo. Cuando volví a casa me encerré en mi cuarto durante días fingiendo un catarro, ni siquiera la música de Marco me calmaba.
    Tomé la decisión. Salí corriendo directa al barranco, cuando estaba mirando hacia abajo, Marco apareció detrás.

    – ¿Qué haces, Rosa?
    -Tú no lo entiendes, nadie lo entiende.
    -Claro que lo entiendo, eres como yo en todo. Al igual que sé que este verano te han roto el corazón.
    El último año transcurrió lleno de planes. Marco y yo nos iríamos a Barcelona a estudiar, a empezar de cero.

    Ahora, veinte años después, Marco y yo volvemos a la isla, para crear nuestra empresa.

    -Lucas, ¿Estás listo?

    Miré a Marco que llevaba el letrero: Lucas y Marco, los gemelos.
    Estábamos en casa.

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  6. VALDEMAR ROJO enero 2, 2020 a 7:38 pm #

    LA NAVIDAD DE MADAME BUTTERFLY

    El frío viene de la alambrada fronteriza. Se filtra a través de las paredes. Se incorpora a sus poros, a su respiración, a su espíritu. Se extiende como una gangrena. Ella apenas lo siente. En realidad ya nadie lo siente. Todos se han convertido en estatuas de hielo. Como los botes de leche condensada, que provocan catarro intestinal en los niños supervivientes. Porque los niños de este campamento sólo toman leche helada y duermen. No hacen más que dormir. Un sueño de hielo. ¿Por qué duermen tanto los niños de este campamento? ¿Por qué duermen tanto los niños de este mundo?

    Oscurece pronto. El campamento es un susurro permanente, un lenguaje de hojas secas, al que seguirá un silencio severo. Todo campamento de refugiados acaba convirtiéndose en eso: hielo y silencio.

    Y de nuevo vuelve a oírlo. Un vagido lejano, como el lamento de un gato estrangulado en la noche. Yasmina se lleva la mano al vientre. Lo siente vacío. Intenta ignorarlo pero es imposible. El frío asciende hasta las encías, hasta las sienes, hasta el corazón. Le obliga a abandonar un sueño donde abejorros agonizan en aguas escarchadas y amapolas perecen ahogadas en su propio vómito de dolor; donde cisnes negros son abatidos por invisibles cazadores; donde la Luna de los Trovadores se destiñe hasta borrarse en la oscuridad.

    Se dirige a la cuna. Intenta mecerla pero la rigidez del suelo se lo impide. Dónde está mi sapito, pregunta con un hálito de voz, contemplando el cuerpo inmóvil. El niño parece mirar desde lejos, con los ojos cuajados de muerte y el rostro contraído en una mueca de reproche infinito. Yasmina intenta limpiarle los labios manchados de chocolate. Lo coge en brazos y canturrea una nana.

    —¿Por qué duermen tanto los niños…? ¿Por qué…?

    En unas horas amanecerá. Es Navidad.

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  7. Allison O’Ryan enero 3, 2020 a 12:38 pm #

    Vivir para contarlo

    La noche, interminable. Ese maldito catarro no la dejaba dormir. Se había retirado a la espantosa casa de la ciénaga. Era la única disponible con su corto presupuesto. Las fotos por internet mostraban una luna estupenda y un lago, que terminó siendo un pantano, con elegantes cisnes negros ausentes.
    Pero de nada servía quejarse. Estaba allí buscando un lugar nuevo, lejos de su casa, de sus conocidos y de ese infame de su ex marido. Un nuevo trabajo, con su pasión, los animales, la ayudaría.
    Miró la hora. Las 5:31.
    —Mejor me levanto.
    Sintió un gran peso en su corazón, un latir extraño que la invadía desde hacía ya varios meses. Le asustaba que durase para siempre.
    Buscó su chaqueta y una bufanda. Salió a pesar de su malestar.
    Una brisa cálida y húmeda acarició su rostro. Contrastaba con lo pesado y solo del lugar.
    Amaneció. Espectaculares colores rosados, amarillos y verdes, inundaron el cielo y su corazón, y fue entonces cuando lo vio. Un ejemplar vivo y libre de cocodrilo americano, tan cerca, que con tan solo un giro de su larga cabeza, sería su fin.
    Paralizada, observó como se desplazaba y desaparecía en la laguna.
    Se sentó en la primera piedra que encontró, temblando del susto. LLevó sus manos a su cabello despeinado, y luego a su corazón que latía desmesuradamente.
    Extrañamente una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Estaba viva, y tenía, otra oportunidad para ser feliz.

    Allison O’Ryan

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  8. R.Nïn enero 3, 2020 a 4:27 pm #

    Seré el diamante tallado demasiado cerca
    del hambre,
    trátame como al péndulo que enrosca dentro de sí
    la serpiente.
    Este cuerpo doméstico me pide un castigo privado
    y confidencial,
    a trozos, sepárame del resto,
    mientras la esfera se acurruca en el patio verde del mundo.
    Removeré la sangre para las bestias ciegas.

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  9. PEz enero 3, 2020 a 6:15 pm #

    Siempre se preguntó dónde estaría en aquella fecha… y todo imaginó menos verse a sí misma caminando por aquel corredor oscuro, con pasos ágiles, buscando la puerta que llevaba a aquella habitación, a la cual se había prohibido la entrada por propia voluntad. No debía inmiscuirse demasiado en lo más íntimo del hombre que amaba pero que, de alguna manera, guardaba secretos, escondía verdades… La intentaba confundir y, cuando quería, la iluminaba. Siempre mitad verdad, mitad mentira… Arrepentida de su genio pero con una carga de valor, buscaba en la oscuridad el interruptor que encendiera alguna luz para poder verse , pero el destino que ya iba en su contra hacía que la lámpara relampagueara tétricamente. Pasaron por su cabeza aquellas escenas de películas de terror donde ella casi gritaba al protagonista para avisarlo de que saliera de allí, de que corriera para salvarse. Ella, en ese momento, era la artífice de su vida, la dueña de su miedo y su valor. Sin pensarlo tropezó con lo que buscaba: la caja de Pandora, el baúl de sus recuerdos, las fotos de lo que un día fue su agente secreto. Parecía otro: feliz, iluminado. ¿Qué había ocurrido?, se preguntó, para que aquel ángel hubiera perdido sus alas y se encontrara ahora derribado y, aún peor, queriéndole derribar, como quien se trasforma de un cisne blanco a un cisne negro.

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  10. Luna Menguante enero 5, 2020 a 5:53 pm #

    LUNA MENGUANTE

    Necesidad impaciente,
    urgente de ser saciada.

    De esas que no entienden
    de preguntas
    ni consentimientos;
    de respuestas que enfrentan los instintos más primarios.

    Ella calla en voz alta la tormenta de gritos que se desata en su garganta;
    vacía,
    resignada,
    culpable.

    Y nadie escucha, nadie la defiende, nadie quiere saber.

    Privado y confidencial.

    Sabedor de que a la niña de sus ojos le arranca la inocencia con su ropa interior
    recibirá,
    arrepentido de su genio,
    el perdón que no hace falta suplicar.

    Húmeda mirada azulada perdida en las flores del patio verde esperanza,
    donde él,
    los domingos por la tarde,
    le enseñaba a montar en bicicleta.

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  11. Siren enero 6, 2020 a 12:57 am #

    TRIBUTO

    –Todos los cisnes que he visto hasta ahora han sido blancos – musitó Juan –. Por lo tanto, todos los cisnes son blancos.
    Llevaba un rato de pie, observando el jardín por el ventanal del salón-biblioteca. Fuera, la lluvia había amainado. Los adoquines del patio verde brillaban, húmedos; parecían irradiar su propia luz.
    –¿Qué dices? – preguntó Isa encaramada a la escalera corredera, rebuscando entre los libros que se encontraban en el estante más alto.
    –Todos los cisnes que he visto hasta ahora han sido blancos – repitió Juan elevando la voz –. Por lo tanto, todos los cisnes son blancos. Creo que lo dijo algún filósofo.
    –Pues vaya estupidez – replicó Isa girándose hacia su hermano.
    Su movimiento fue tan brusco que perdió pie, tuvo que agarrarse al marco de la estantería para no caer.
    –Déjate de cisnes negros y cisnes blancos y ayúdame a buscar – dijo –. Yo aquí subida, con el vértigo que tengo. Me voy a matar.
    Intercambiaron posiciones. Él trepó la escalera con pasos ágiles, derrochando la levedad festiva de sus nuevos zapatos de charol; en un instante, había retomado con entusiasmo la búsqueda entre los libros. Ella se apostó frente al ventanal. Anochecía. Una fina niebla había invadido el patio. El viejo jardinero, encorvado y envuelto en ropa de invierno, podaba con parquedad los rosales en la penumbra crepuscular.
    –Vaya horas para ponerse a trabajar – comentó Isa –. Con lo bien que se está aquí dentro con el fuego encendido.
    En la chimenea, las brasas crepitaron alegres, como dándole la razón.
    –Libros, libros y más libros – continuó ella contemplando la biblioteca –. ¿Son todos de filosofía?
    –Todos no. Mira este: “La luna y sus fases”. Se ve que Madre, además de filósofa, se las daba de astróloga.
    –De astrónoma, Juan. No seamos bestias.
    –Bestias o no bestias, con esta casa de herencia y lo que hay en la cuenta, tenemos la vida resuelta. Pon otro leño en el fuego; si se apaga, ni tú ni yo sabremos como encenderlo.
    Isa accedió con un suspiro. A continuación, se dejó caer en un sillón verde de terciopelo, un sillón profundo, mullido, dispuesto para el deleite de la lectura frente al gran ventanal.
    –Escoge un libro – rogó Isa a su hermano –. Cualquier libro, el que te caiga entre las manos. Va, Juan, léeme algo.
    –No me vengas con tonterías.
    –Va, léeme…
    … En una esquina de la estantería, justo detrás de La República de Platón, dieron por fin con lo que buscaban. “Privado y confidencial” rezaba el liviano sobre. Lo abrieron juntos, al unísono, con dedos helados, afilados, voraces. Dentro hallaron una nota:
    “No estoy muerta, idiotas. Os estoy observando desde el jardín.
    Os rogué como última voluntad que no abrierais nunca este sobre.
    A partir de ahora, sabré a qué atenerme.”

    ––––––––––

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  12. Blancadiel enero 6, 2020 a 1:58 am #

    Interferencias

    Todas las noches salgo a la oscuridad a observar las estrellas, me gusta más hacerlo en invierno. Con el corazón encogido busco la luna, a veces no logro encontrarla, sé que ella me mira, un escalofrío recorre mi cuerpo y con pasos ágiles me alejo unos metros buscándola, para devolverle la mirada.
    Me imagino historias que ella me cuenta, como que es la guardiana de todas las estrellas que veo y que cada una guarda un misterio, que si miras fijamente a través de ellas puedes ver más allá del tiempo.
    En unas de esas escapadas nocturnas me alejé demasiado y, tumbada en un banco, me quedé dormida, después de un buen rato volví a sentir otro escalofrío, esta vez permanecí inmóvil pensando en lo que había soñado, era un gran patio verde lleno de helechos y madreselvas, en cuyo centro se dibujaba un enorme arco dorado y alguien me saludaba.
    Volví muchas noches frías al mismo banco, buscando el saludo del desconocido, buscando mi sueño.
    Busco en la luz de la oscuridad lo que el día me muestra difuminado, con colores inexistentes, con llantos apagados por la rutina y sonrisas de lejanas miradas. Intento evadirme, alargar el día, y sentirme más cerca de mí, agarrarme bien fuerte e intentar no perderme, reflejarme en mi taza de chocolate oscuro y espeso, removiendo y removiendo.

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  13. Postrocker enero 6, 2020 a 5:49 pm #

    Me pidieron un poema y una playlist. Dije que sí a todo, pero la verdad es que no quería estar sola. Confeccionar un poema que no me dieran ganas de quemar, elegir el orden exacto de las canciones, preparar café y sopa, escuchar a los vecinos hacer el amor. Todo eso me llevaría días enteros, y yo tenía que comer. Con pasos ágiles, recorrí mi habitación propia conectada. Un espacio privado y confidencial, como una tumba que alberga a una muerta en vida. Hace dos meses, un hombre estuvo aquí. Una cita breve más con un callado cantante que nunca volvió. No sé si le asustó que mi caos no fuera bello; que me vendiera como ser celestial y se encontrara a alguien enterrado. ¿Qué opinas tú? Tal vez busqué acoso y derribo; no el mío, el de otro: así de grande es mi narcisismo. El resultado es que me han declarado huelga y boicot. Que mías son mis cadenas; que suyos, los juegos. Hay imágenes que no duran. Esta sí: cuerpos lejos, cera que resbala, sonrisas a medio descorchar. Tengo más de trescientos días por delante para moverme entre la espuma vacía de la incomodidad consciente y suficiente. Para regalarle al mundo algo, como hizo Van Gogh, con esos girasoles que no eran suyos.
    Deseaba que fuéramos dos corazones contaminados en medio de una ciudad silenciosa. La realidad es que fue tan desagradable como el olor del plástico cuando se descompone, y me estoy preguntando mucho sobre qué es la fe.
    No me reconozco en mi yo del año pasado. Creo que eso es bueno. Me he hecho un corta y pega innovador y soy tan contradictoria como los insectos. Ya lo verás. Ya nos veremos.
    ¿Cómo estás? Hace mucho que no sé de ti. Me ocupé escribiendo malos titulares, posicionando webs, y ejecutando marketing a secas. No tengo perdón ninguno.
    No olvido las líneas rotas de tu fémur izquierdo, la espalda torcida, el embiste suave, el olor del ojo, la mirada de la nariz, el apego al todo. Mis piernas cerradas/calladas pegaron un corte súbito a tu jauría de perros. Mis manos frenaron, ¿te gustó eso?
    Me he propuesto escribir la continuación de la Historia del Ojo. Me siento espiritualmente afín al conjuro de Bataille.
    Me he propuesto capturar mi piel vidriosa en una foto. O dibujarla.
    Me he propuesto mejorar mi mala caligrafía, a pesar del derroche.
    Me he propuesto más ideas que no cuajan, beber agua potable, dejar de peinarme (horrendamente) y dormir en el suelo.
    Cambio el “todo se muere” por el “todo se mueve”, y lo pongo por escrito porque aún soy ingenua, y entreno la inocencia de las últimas veces.
    Que este año se contraiga y se expanda con calidez.
    Que nos recuperemos de la ceguera parcial, flexibilicemos los límites, saboreemos la amargura y el escozor, tranquilicemos nuestras mentiras y nuestros destellos de mediocridad.
    Feliz 2020.
    (A los demás les he dictado discursos prehechos con sentimientos reciclados, y eso no es muy sensato tampoco)

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  14. Carmela B enero 6, 2020 a 6:55 pm #

    El día perfecto

    Pasos ágiles en la escalera lo sacaron de su duermevela. Reflexionó. Estaba solo en la casa, por lo que debía tratarse de una ensoñación arañando la realidad. Le ocurría con frecuencia; incluso había momentos en que le costaba unos minutos de reflexión decidir si aquello que rondaba en sus pensamientos era un recuerdo o un sueño.

    Lo que no le generaba dudas, aquello que sentía con extraordinaria lucidez, era el deseo de acabar con su vida. Aquel anhelo, que no había querido compartir nunca por estar archivado como privado y confidencial, lo acompañaba desde que era un niño. No sentía angustia ni tortura y lo entendía como algo natural.

    Su familia y amigos lo tenían por un ser melancólico. Ya de pequeño observaba a sus compañeros jugar en el patio desde un rincón. Se llevaba bien con ellos, pero prefería ser espectador de sus idas y venidas. En la universidad, su carácter retraído despertaba la curiosidad de las mujeres y nunca le faltaron romances, pero sólo cuando conoció a María se esforzó en entregarse a alguien. Quince años y dos hijos después seguía siendo el amor de su vida.

    Con delicadeza abrió el ordenador y escribió:

    “La vida no es más que un paseo que en algún momento termina por mucho que pese a algunos. Cuando el caminar ya no te lleva a sitios mejores ¿para qué continuar?
    Podemos sentarnos entonces en algún rincón de este sendero. Quizás en el más sugerente, o en el más feliz; otras veces en un lugar elegido al azar.

    Hoy la mañana es perfecta, embriagadora y soleada. En el jardín resuena tu risa y es lo último que quiero escuchar. No encontraré un mejor momento para dejar mi aliento prendido de la brisa del mar. Te quiero.”

    Lo encontraron a los pies de la ventana abrazando la hierba. La dulce sonrisa del cadáver desconcertó al forense.

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  15. Santiago Salvador enero 6, 2020 a 6:55 pm #

    LA CAJA EN EL ALFÉIZAR

    Creo que fue entonces cuando desperté. Escuché el silencio húmedo de las piedras, recortado apenas por zumbidos que llegaban a mis oídos como el eco lejano de impronunciables atrocidades.
    —Cisne negro —repetí sin pensar—. Cisne negro. —Como si respondiese a una duda surgida durante el sueño.
    Muchas veces, de niño, había contemplado los cisnes que nadaban tranquilos en el parque que daba al jardín de la casa de mis abuelos. Esta imagen, sin embargo, era de otra naturaleza. Pero no lograba descifrarla.
    Me incorporé con dificultad. Mi cuerpo acusaba las magulladuras provocadas por las piedrecillas que se hundían en el lodazal en el que había caído. ¿Muerto? No. Puede uno morir de diversas maneras y en variadas circunstancias. La muerte es quizá nuestra compañera más leal y peligrosa. Discreta suele caminar a nuestro lado adondequiera que vayamos. Pero el impacto que debe causar llegada su hora…
    Los dedos de Roberto se detuvieron sobre el teclado. Algo andaba mal. Hacía días que no lograba hilvanar un párrafo a otro. Aún sentado, se puso las manos en la cintura, formando un arco, y se estiró, para apaciguar el dolor de tantas horas de escritura. Fue a la cocina, sin saber a qué. Hirvió agua y se preparó una taza de chocolate. Asomado a la ventana, vio a los niños jugando en el jardín. Comenzaba a anochecer y la luna ya se insinuaba atrás de los cipreses.
    —Todo por ellos —se dijo bajito.
    De vuelta frente a la pantalla, borró la parte de la muerte.
    Me incorporé con dificultad. Mi cuerpo acusaba las magulladuras provocadas por las piedrecillas que se hundían en el lodazal en el que había caído… en el lodazal en el que había despertado… en el que había recobrado la consciencia.
    El brillo del sol naciente entró de pronto a través de los barrotes, y dibujó mi sombra inclinada sobre el barro y la pared.
    —¡Cisne negro!
    Las imágenes se atropellaron en mi memoria. Había que ordenarlas. Darles un sentido. Poco a poco pude reconstruirlo. A mí manera, quizá, me dirán ustedes. No voy a discutirlo.
    Había tenido que atravesar la ciudad cargando aquella caja. No sabía qué llevaba.
    —La confianza es el eje de la organización —me había recordado el jefe—. El talento de los cisnes negros reside en su compromiso ciego.
    El primero, el segundo, el tercero… Pasos ágiles hasta llegar al rellano.
    —La ventana de la izquierda, si vienes de abajo.
    La caja en el alféizar. Una primera y ultima mirada al patio verde. Un estrépito.
    Roberto cerró el laptop. Estaba exhausto. Se acercó perezoso al ventanal de la sala.
    —¡Ya es hora de entrar! —llamó a los niños.
    —Todo por ellos —se dijo bajito y se tendió en el suelo.

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  16. Lili Banana enero 6, 2020 a 7:13 pm #

    Hay un disco. Hay muchos pero este es uno.
    Su portada ilustrada fue ejecutada con gusto por alguien que no quieren recordarme. Se presenta a sí misma de una forma noble y dolorosamente punzante.
    Esa portada de cisne con su perfil bueno.
    Yo admiro ese cisne.
    Va atravesando un río negro en forma de corazón y dejando tras de sí una estela siseante de su elegante y silencioso nado.
    Ese cisne sin miedo a cruzar, sin mirar a cada lado del río.
    El tráfico que hay en ese corazón oscuro no transmuta en él, fluctúa. Ese cisne vive en él.
    Y nosotras somos esquejes, que ya solo se observan de reojo. Separadas de nuestra vida en común. Seremos transplantadas a un lugar con más luz pero no se enlazarán nuestros cuellos.
    Nos queda ese sonido aniquilante y ese cisne.
    Y las personas ya sobramos en él.

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  17. Flash Gordon enero 6, 2020 a 7:33 pm #

    MI ABUELO
    Me lo imagino ahí, solo, tumbado en una cama cualquiera, en una habitación impersonal y desangelada. Todo lo contrario a su hogar, a la habitación cálida en la que durmió con su mujer durante tantos años. Me sobrecoge el alma imaginarlo así. ¿Qué puede haber hecho un hombre para acabar sus días de ese modo? ¿Qué incógnitas y secretos se esconden detrás de la vida, detrás de cada instante que vivimos?
    Quiero imaginar que hay luna llena en el cielo, y que sus rayos se filtran a través de la ventana y templan su cuerpo.
    Quiero imaginar que su mente viaja por aquellos momentos de su vida en los que fue feliz, que sueña con los niños de su pueblo, con su mujer, con su familia, con sus amigos.
    Quiero creer que mientras su corazón se va apagando, a su lado están los que se fueron antes, esperando para recibirlo, para acogerlo de nuevo.
    Quiero creer que duerme plácidamente, sin dolor. Que la morfina le ayuda a irse como en uno de esos sueños plácidos y agradables de los que no queremos despertar.
    Quiero creer e imaginar todo eso como único consuelo. Como único bálsamo a esa pena tan profunda que me quema por dentro.
    Rabia, culpa, tristeza, las emociones se mezclan en mi interior formando una amalgama difícil de silenciar.
    Quiero creer que algún día, la culpa de no haber estado a su lado, de no haberle acompañado en el tránsito inevitable hacia la muerte, desaparecerá.
    Mientras tanto, me consuela sentir su presencia, su cuidado, su guía en los laberintos de la vida, su amor incondicional, …

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  18. Selva enero 6, 2020 a 11:21 pm #

    Selva
    Mirada viva
    Els cignes negres s’ allunyaven
    en el llac blau de la infantesa;
    Ja no va plorar més.
    Els xiquets de cor pur i rialler,
    sempre somrients, li preguntaven
    “On vas ara, dona valenta?”
    ” No tens por de caure a l’ aigua?”
    I somreien, acollidors.

    Els records fastigosos intentaven
    portar- la a la fosca dolenta,
    però la seua mirada viva,
    tot enlluernava d’ estima,
    de joia i de caricia.

    Al pati verd de sa casa
    l ‘ aguardava l ‘ avi ja molt vellet.
    Rosa tenia cura d’ ell,
    resultava increible com l’ avi Batiste,
    arrepentit del seu geni,
    es mostrava agraït amb tothom.

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