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Escritoras valencianas: María Eguía

29 Ene

Escritoras valencianas de novela es un juego de palabras y un espacio online de la comunidad de escritores y lectores de LIBRO VUELA LIBRE que difunde la voz y las publicaciones de autoras ligadas a nuestra liberación de talentos que están abriendo una importante ventana a la narrativa escrita por mujeres en la capital del Turia.

María Eguía es una de estas autoras que fueron escogidas para formar parte de «Cada mirada es única» -la antología que recoge la selección de talentos de los talleres de escritura creativa de LIBRO VUELA LIBRE– , en su caso en dos ediciones, y que hoy –con dos novelas que han tenido repercusión: su opera prima, titulada «El retrato de Clara», y «La danza del pulpo», publicada hace unos meses, ambas ya con una segunda edición– es una de las voces literarias que está empezando a definir una nueva narrativa escrita por mujeres en Valencia.

Escritoras valencianas de novela: entrevista a María Eguía

Libro Vuela Libre: Bienvenida a nuestra comunidad de escritores de nuevo, María, esta vez a un nuevo espacio que lleva por nombre Escritoras valencianas de novela. Háblanos de tu larga conexión con la escritura y la lectura.

María Eguía: De manera continuada, escribo desde hace veintidós años. Para mí, es una necesidad. Crear un mundo paralelo y visitar lugares diferentes acompañada de gente interesante es muy enriquecedor. Cuando te acostumbras a ello, ya no puedes limitarte a tu mundo real. Me gusta escribir sobre sentimientos y emociones, indagar en los vericuetos del alma humana, aderezando los hechos con algo de intriga y pasión. Leo novela policiaca, histórica, intimista… Si tiene intriga y trabaja las emociones, me gana seguro.

Libro Vuela Libre: ¿Qué te motivó a escribir «La danza del pulpo»?

María Eguía: Me apetecía escribir sobre las segundas oportunidades, sobre la resiliencia y la capacidad que tiene la vida de sorprendernos y ofrecernos una salida en los momentos oscuros. Asimismo, quería profundizar en las relaciones materno filiales, un filón de sentimientos y emociones que bien gestionadas pueden ser de lo mejor de la vida, pero que hay que trabajar y pulir para que no se conviertan en un barco varado en la arena.

Libro Vuela Libre: Nuestra comunidad de escritores en Valencia ya tuvo el placer de entrevistarte cuando publicaste tu novela anterior. ¿Qué es lo que más te ha costado de esta segunda obra?

María Eguía: Lo que más me cuesta en el proceso creativo es la corrección, un proceso tedioso en el que, normalmente, me eternizo. Y es que me cuesta mucho dar un texto por finalizado.

Libro Vuela Libre: Háblanos de «La danza del pulpo», de esta nueva novela que has publicado.

María Eguía: Si me preguntas por las características de la novela, te diré que es un thriller psicológico. Se desarrolla entre Madrid, Londres, París y la Costa Azul. Tiene intriga, viajes, asesinatos y mucho arte anterior a la Segunda Guerra Mundial (sobre todo de Marc Chagall), pero también analiza la evolución personal de las protagonistas. Me encariñé mucho con Elena, con su vulnerabilidad ante los golpes de la vida. Es una mujer de mi generación que ha sabido plantar cara a los vaivenes del destino y ha salido airosa, después de mucho sufrimiento.

Libro Vuela Libre: Unos ingredientes muy interesantes, María, que seguro que atraparán a los lectores de esta novela. ¿Qué proyectos literarios tienes en este momento, cuál es tu próximo objetivo literario?

María Eguía: En mayo acudiré a la Universidad Popular de Leganés para asistir a un Libro Fórum con sus alumnos; así como a varias Ferias y firmas en librerías para llevar a cabo la promoción de mis dos novelas. Actualmente, estoy trabajando en otra historia que profundiza en la orfandad y en la soledad, una circunstancia que no suele ser bien recibida cuando es impuesta y no buscada.

Libro Vuela Libre: Te conocemos desde hace años, desde que eras una escritora en formación muy aplicada y atenta en nuestros talleres de escritura creativa, y esta no es la primera entrevista que realizas para nuestra comunidad de escritores, pero siempre nos queda algo por descubrir. Para finalizar, coméntanos cualquier otro tema que sea importante para ti o que nos pueda ayudar a conocer mejor tu perfil o tu obra.

María Eguía: Me encanta leer, y cuanto más leo más escribo. Casi nunca doy un libro por perdido. Si no me engancha, leo deprisa pero lo termino, porque siempre tengo la esperanza de que dé un giro y coja fuerza.

Escritoras valencianas de novela. «La danza del pulpo», de María Eguía, en las recomendaciones en curso de nuestro club de lectura:

«La danza del pulpo», de María Eguía. Fragmento del capítulo VIII:

Nada más terminar de cenar, recoge la cocina, se excusa y se retira a su dormitorio. Saca un camisón limpio del armario, se da una ducha con agua templada y se mete en la cama. Recorre la habitación con la mirada. Clava los ojos en una fotografía de sus padres, revelada en blanco y negro. Los dos están sonrientes, y muy tiesos. Aparentan más de cincuenta años, aunque no debían de tener ni treinta y cinco cuando se tomó la instantánea. No cree haber visto jamás a su padre con ese ridículo bigotito que luce. Le da un aire de galán de los años sesenta. «Cosas de antes», se dice. Recuerda con extrema nitidez el día en el que se mudaron a Madrid. El Seat de su padre abandonó la calle Joaquín Costa, en el barrio del ensanche en el que vivían, dejando atrás todo su mundo. Volteó la cabeza y vio a Mari Cruz, Olga y Cristina, sus amigas del colegio, agitando sus manos como si le dijeran un adiós definitivo, un «nunca más nos veremos», un «todo acaba aquí». «¡No nos vamos a la guerra, niña! —exclamó su padre con sorna—. ¡Que me han ascendido! ¡Y nos vamos a la capital!, nada más y nada menos». Pero para ella la capital no significaba nada en aquel instante; sin embargo, Valencia lo era todo: su vida, sus amigas, un mundo entero. Le gustaban sus calles, sus gentes, su luz, sus horarios, sus sabores… Si hasta decían que la paella en cualquier otro lugar tenía otro sabor porque el agua era distinta… «Pues si el agua es distinta, qué decir de lo demás», pensaba ella, aterrada. Agitó su mano mientras el corazón le palpitaba y unas lágrimas calladas dibujaban surcos en sus mejillas. Su madre también iba en silencio, el traslado le había caído como un jarro de agua fría. «Ya veréis como Madrid os gusta —insistía don Jaime—. Allí hay de todo, y más». «Sí, sí, de todo —se atormentaba Elena—; de todo menos mis amigas, mi colegio o la horchatería de la esquina… Pero si no hay ni playa». Sin duda, por aquel entonces ella no era capaz de vislumbrar «ese todo» que luego descubriría y solo pensaba en «ese nada» que a su juicio le esperaba.

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Club de lectura de Libro vuela libre: El retrato de Clara

15 Nov

Club de lectura de Libro vuela libre: recomendaciones literarias en curso

Completamos la visita que ha realizado otra antigua integrante de la antología que recoge la selección de voces nuevas de nuestros talleres literarios, María Eguía, a la biblioteca de talentos de Libro vuela libre, con uno de los fragmentos escogidos de su última novela, El retrato de Clara, para nuestro club de lectura.

Disfrutad de la siguiente puerta de entrada a esta atractiva historia ambientada en Valencia y Florencia, en la que se resalta la labor transmisora de las historias familiares por parte de los abuelos y se rinde homenaje a la figura del célebre escritor valenciano Vicente Blasco Ibañez.

Recomendaciones en curso del club de lectura en Valencia de los talleres literarios de Libro vuela libre: El retrato de Clara, de María Eguía

Recomendaciones en curso del club de lectura en Valencia de Libro vuela libre. Primera puerta de entrada a El retrato de Clara:

Intentando huir de los sentimientos de culpa que repiqueteaban cual estorninos en mi conciencia, me encerré en mi dormitorio, puse el equipo de música en marcha y me senté a mi escritorio para perfilar los últimos detalles del viaje. Un dueto de Malú y Antonio Orozco templó mis nervios. Devuélveme la vida parecía escrita para mí. A veces tenía la sensación de que los cantautores se identificaban conmigo. O yo con ellos. Sufríamos idénticos desgarros, las mismas decepciones.    

   La luz virginal de la mañana se filtraba a través del visillo e iluminaba los planos, las guías, los libros de arte y hasta un tomo de la enciclopedia Espasa−Calpe que había utilizado para estudiar los pormenores de mi cruzada. Repasé los esquemas que había preparado, gráficos en los que había anotado la dirección exacta de los lugares que iba a visitar, así como los horarios que debía respetar con el fin de no hacer un viaje en balde y encontrarme con la sorpresa de que cierto museo acababa de cerrar sus puertas o que una iglesia estaba en proceso de restauración y había suprimido los servicios religiosos y las visitas. Después, ordené las piezas del rompecabezas según la importancia que revestían para mí por si, debido a alguna mala pasada del destino, me veía obligada a regresar a casa antes de lo previsto. De ese modo, decidí aprovechar los primeros días para visitar espacios tan ineludibles como el Duomo, el Baptisterio, la Galería de los Uffizi, la Academia, el Palazzo Pitti, la Capilla Médici… Y destaqué con un asterisco mis obras preferidas. Yo era una enamorada de la pintura del Quattrocento; muy especialmente, de Paollo Ucello, por lo que señalicé todos los recintos en los que se exhibía su obra. La pasión que sentía por ese artista era tal que una noche incluso soñé que me encontraba en una sala de los Uffizi ante su lienzo La batalla de San Romano. Sentada en un banco, boquiabierta, observaba la maestría del autor a la hora de plantear la perspectiva. Los pintores anteriores al siglo XV no dominaban la geometría y sus obras resultaban excesivamente planas, pero esta era distinta. Entonces se me acercó el director del museo y me ofreció su mano. 

  —Enhorabuena, signorina —me espetó alegremente—. Estamos desmontando esta sala del museo y usted ha sido galardonada con este magnífico cuadro.            

  —¿Está usted hablando en serio? —pregunté, anonadada.        

  —Yo siempre hablo en serio —aseguró él. Y levantando sus vigorosos brazos, lo descolgó para, posteriormente, entregármelo.  

   Me quedé pasmada. No daba crédito a lo que estaba sucediendo. Me lo iban a dar a mí, que jamás me había tocado nada en una rifa, que nunca había ganado un sorteo… Aún así, comencé a elucubrar cómo podría transportar el cuadro hasta Valencia. Quizá lo más aconsejable era contratar el servicio con alguna agencia; pero tendría que abonar una elevada cuantía en concepto de seguro. Por otra parte, podía desclavarlo del bastidor, envolverlo junto a alguna de las láminas que vendían en la tienda del museo y pasarlo debajo del brazo por el detector de metales del aeropuerto como si se tratara de una reproducción. Pero en tal caso tendría que renunciar al marco, que también era muy hermoso, y encima, corría el riesgo de que en la aduana detectaran el fraude y me acusaran de contrabando del Patrimonio Artístico Nacional.  

   Mientras andaba en busca de otras soluciones, escuché un incómodo zumbido. Era un timbre agudo, muy molesto, que perturbó la dicha de mi ensoñación. Cuando pude resolver mis dudas, comprobé que se trataba del sonido de mi reloj despertador y súbitamente regresé a la cruda realidad: yo no estaba en la sala del museo florentino, sino que me encontraba en mi casa de Valencia, acostada en mi cama, para ser más exactos. Y por supuesto, no había sido obsequiada con ninguna obra del gran Ucello.

María Eguía. Fragmento de El retrato de Clara

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